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Ferrán Adrià, elevado a la categoría de artistas como Mozart o Picasso

Ferrán Adrià, elevado a la categoría de artistas como Mozart o Picasso
El cocinero Ferran Adrià. |

¿Puede ser la cocina una rama de las Bellas Artes? ¿Y un cocinero un artista? Son las preguntas que plantea el filósofo francés JeanPaul Jouary para responder que elBulli y Ferran Adrià encajan a la perfección en ambos conceptos.

En "Ferran Adrià, ¿cocinero o artista?" (Alianza Editorial), Jouary argumenta su teoría filosófica, ilustrada con fotografías de Francesc Guillamet, por la que el chef catalán queda equiparado a grandes artistas como Mozart, Picasso, Velázquez, Van Gogh o Baudelaire por su desmesurada creatividad, la ruptura con lo anterior y, en ocasiones, la incomprensión sufrida.

El autor, uno de los pocos privilegiados que frecuentó elBulli con asiduidad durante más de 15 años, hasta su cierre en julio de 2011, considera que el restaurante más galardonado del mundo era "igual que una sala de conciertos o una galería de arte, donde el comensal iba en busca de emociones íntimas".

Así lo experimentó él: "Emoción, reflexión, placer y risa", incluso alguna vez llegaron sus ojos a "humedecerse" ante platos que fueron "obras maestras" causantes de "felicidad" y capaces de hacer que el comensal "viajase al placer tras el entendimiento".

En una entrevista con Efe, Jouary afirma que Adrià es "el primer chef artista" de la historia y lo justifica: es el único que ha sido invitado a la Documenta de Kassel, la prestigiosa muestra de arte vanguardista; el único que ha inspirado una composición musical de un gran artista actual como Bruno Montovani; el único que le ha inspirado para consagrarle un libro de filosofía.

Para llegar a esta conclusión, también le sometió a las cinco exigencias que la filosofía estética plantea: de originalidad, de universalidad, de representación, de extensión del entendimiento, y de Elias y Becker. Adrià pasó el examen con solvencia.

Su originalidad queda demostrada en que "aprovechó todo lo que le precedió sin copiar jamás". Su primera "biblia" gastronómica fue "El Práctico", siguiendo la estela de Auguste Escoffier; se empapó también de la "nouvelle cuisine" francesa y de las tradiciones asiáticas y sudamericanas "sin olvidar jamás la tradición española de las tapas".

A partir de ahí, "como Mozart, se evadió de las limitaciones para crear un estilo radicalmente nuevo" y desarrolla su filosofía "concontra" sus chefs favoritos. En 1985 presenta su primera deconstrucción que Jouary equipara al discurso homónimo del filósofo Jacques Derrida y luego vendrán las espumas con sifón, los juegos de texturas, las esferificaciones.

Como otros insignes de las Bellas Artes, creó "obras inéditas que luego han sido imitadas o que han creado tendencia", como la famosa tortilla de patatas deconstruida o las croquetas líquidas.

Sobre su universalidad no queda duda, como padre de la cocina "tecnoemocional", como el cocinero que "más ha influido en los chefs de los cinco continentes", que ha inspirado múltiples libros y, de 2003 a 2011, "más de 10.000 artículos de prensa en todo el mundo".

En cuanto a la exigencia de representación, el filósofo la resume en que "no piensa en la belleza como la representación de una cosa bella, sino como la bella representación de una cosa". Las instantáneas de Guillamet, quien ya publicó "Comer arte" con fotografías de los platos de Adrià, son su mejor testimonio.